03/04/2018 | CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Isla Santiago: 172 historias sobre una lengua de tierra en el Río de la Plata
Investigadores del CONICET encabezaron un proyecto tendiente a visibilizar la vida cotidiana de sus habitantes y empoderarlos como comunidad
Nota Santarsiero
El equipo de investigación del IdIHCS. Fotos: CONICET y Google Earth.

¿Cuántos somos? parecía ser el principal interrogante que tenían los habitantes de la Isla Santiago, ubicada en el delta del río del mismo nombre en el partido de Ensenada, junto a la costa del Río de La Plata. El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2010 había dejado un vacío de datos en torno a ese territorio: si bien estaba incluido en los radios censales previstos, los habitantes del lugar no recuerdan siquiera haber recibido a los encuestadores.

A mediados de 2016 y en el marco de dos proyectos de investigación y extensión de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) – el Proyecto Promocional de Investigación y Desarrollo “Sociabilidad, politicidad y economía en Isla Santiago. Hacia una caracterización socio espacial del territorio” y el Proyecto de Extensión “Desarrollo comunitario en la Isla Santiago. Promoción de Derechos, soberanía alimentaria y economía social” -, investigadores del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, CONICET – UNLP) se lanzaron a la tarea de diseñar un censo que no sólo permitiera responder la pregunta sobre la cantidad de habitantes, sino brindarle a ellos y a los responsables de políticas públicas del municipio las herramientas para conocer rigurosamente las características del lugar y avanzar en su desarrollo.

Los profesionales del Centro Interdisciplinario de Metodologías de las Ciencias Sociales (CIMeCS), uno de los espacios de investigación del IdIHCS, en colaboración con becarios, estudiantes y graduados de las facultades de Humanidades y Ciencias de la Educación y Ciencias Naturales, y la Cátedra Libre “Soberanía Alimentaria” de la UNLP, elaboraron un cuestionario que abordaba diferentes dimensiones: los procesos demográficos; el trabajo; la posesión de la tierra; las redes de sociabilidad y los consumos culturales.

“Había muchos trabajos de extensión realizados previamente en la isla. Lo que nosotros nos propusimos fue abordar principalmente las redes de sociabilidad y politicidad en el lugar, es decir las negociaciones y arreglos, las tensiones, y la resolución a las distintas problemáticas de sus habitantes. Quisimos ver cuáles son sus actividades individuales y conjuntas, y cómo es su cotidianidad”, cuenta Luis Santarsiero, becario posdoctoral del CONICET en el IdIHCS y director del proyecto.

“Para cualquier tipo de intervención necesitábamos un diagnóstico previo y nos encontramos con la dificultad de que no había datos certeros del censo de 2010 y los vecinos ni siquiera recordaban que los censistas hayan pasado. Entonces acordamos elaborar una cédula censal, es decir un cuestionario, abordando las distintas dimensiones que cada integrante del equipo consideraba necesaria para el análisis”, comenta.

¿Cuántos somos?

Santarsiero explica que una de las primeras necesidades que manifestaban los habitantes era saber a ciencia cierta cuántos eran. “Esto tiene que ver con las particularidades de la historia del lugar. Es una isla que se formó cuando se construyó el Puerto La Plata, con la creación del canal de acceso, momento en que muchas personas de la zona eligieron quedarse a vivir del otro lado de ese curso de agua. Históricamente ligada a la Base Naval Río Santiago que cerró en los ’80, tuvo un poblamiento muy desparejo. Los vecinos más antiguos cuentan que llegaron a vivir entre 2 mil y 3 mil personas en distintos períodos”, explica el experto.

La cédula censal les llevó siete meses de elaboración y el relevamiento implicó otros 60 días. “La organización de la isla es difícil, hay diferentes maneras de llegar a cada casa y existen casos en los que hay varias viviendas en el mismo terreno y no hay divisiones. La imagen satelital que pueden proveer servidores como Google tampoco facilitó las cosas porque lo que se ve desde arriba es monte. Y fue en ese contexto que nos ayudó mucho una vecina de allí que hizo un mapa en una cartulina, que resultó realmente muy preciso”, recuerda Mariela Fontela, graduada de la UNLP e integrante del proyecto.

Una vez concluido el relevamiento, los investigadores pudieron determinar que la isla tiene 60 hogares y 172 habitantes, de los cuales el 60 por ciento tiene entre 18 y 65 años. Los usos que cada uno de ellos hace del lugar varían, en general dependiendo de las posibilidades de contar con transporte propio o no, ya que allí sólo llega un ramal de la línea de colectivos 307 y la tradicional lancha que recorre las distintas islas de Berisso y Ensenada.

Comunidad empoderada

“Cuando hicimos la presentación de los resultados ante los vecinos, en una actividad que tuvo lugar en la escuela que funciona en la isla, vimos cómo esos datos ayudaban a empoderarlos como comunidad. Porque no son sólo estadísticas, sino una manera de contarles cosas que ellos viven de manera cotidiana, pero ahora trasladadas a un conjunto. Y esa comprensión general los habilita para realizar diversos pedidos ante las autoridades municipales para resolver sus problemáticas”, resalta Santarsiero.

En efecto, del censo emanaron, entre otros, problemas referidos a la salud y a la posesión de la tierra: “Casi al mismo tiempo que realizábamos el relevamiento, el municipio de Ensenada instaló una sala de primeros auxilios, algo que era esencial porque el acceso terrestre es muy complicado y se dificultaba la llega de las ambulancias. También por ese entonces la comuna adquirió la totalidad de las tierras porque iban a remate, ya que había un conflicto judicial a partir de la quiebra del Banco de Italia y Río de la Plata, que era su antiguo propietario. Así que el censo será insumo para la regularización”, comenta el graduado de la UNLP Horacio González.

“Estos resultados les dan la posibilidad de tener datos concretos y percibir su cotidianidad desde otra óptica: hay gente que tiene distintos emprendimientos que quizás no los entienden como ‘trabajo’. Por ejemplo, la cría de conejos o la pesca, que muchos lo ven como hobby, y en realidad pescan para vender o se embarcan con turistas”, cierra Noelia Baeza, otra de las graduadas de la UNLP que integró el proyecto.

Por Marcelo Gisande.

Sobre investigación:

Luis Santarsiero. Becario posdoctoral. IdIHCS.

Matías Iucci. Becario posdoctoral. IdIHCS.

Mariela Fontela. Graduada UNLP.

Horacio González. Graduado UNLP.

Noelia Baeza. Graduada UNLP. IdIHCS.

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