03/07/2013 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
De científicos y artistas
Alfredo Raúl Benialgo es escritor, Miguel Ángel Di Siervi, actor. La curiosa historia de dos profesionales principales del CONICET  
Miguel Ángel Di Siervi y Alfredo Benialgo
Miguel Ángel Di Siervi y Alfredo Benialgo.

Esta es la historia de dos profesionales principales del CONICET. Alfredo Raúl Benialgo es  licenciado en Geología y se desempeña en el Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, CONICET – UNLP). Miguel Ángel Di Siervi, por su parte, es doctor en Ciencias Naturales y cumple funciones en el Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” de La Plata (ILPLA, CONICET – UNLP).

Además de coincidir en el ámbito científico, a ellos los une el arte: Benialgo escribe, Di Siervi actúa. En esta nota, explican cómo conviven, en cada caso, el hombre de ciencia y el artista.

“La literatura me permite vivir“

Alfredo Benialgo nació en La Plata en 1951. Es geólogo y profesional principal del CONICET en el CIG. Desde que tiene uso de razón, asegura, imaginó historias para ser escritas o contadas, fantasía que pudo concretar en la práctica recién hace veinte años.

Ha publicado “Cuentos dañinos” en 2006, “Calculando con Gloria” en 2012, “¡Mamá Boom Boom, tire ese avión!” en 2012, y “Colección Negra III”, gracias a los que ha sido premiado en certámenes literarios de alcance nacional.

 ¿Cuál es su tema de trabajo como personal de apoyo del CONICET?

Ingresé al CONICET cuando aún era estudiante, como técnico asistente a la División Paleozoología Invertebrados del Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Luego de recibirme fui promovido a  la categoría Profesional y pasé al CIG, donde sigo desde entonces. Mi especialidad se llama geomática, un híbrido entre geografía, geología e informática. Esencialmente se basa en el manejo de una batería de programas mediante los cuales se construyen modelos virtuales de la realidad.

 ¿Cómo convive la profesión con el costado literario?

En realidad, no convive. Me ocupo de ambas actividades por separado. Es como si viviera en dos casas distintas y me la pasara mudándome. La profesión no se cruza con mi costado literario, sí el ambiente en el cual trabajo de la misma manera que el resto del orbe. Los escritores sacamos material del discurrir de la vida a nuestro alrededor. Usamos momentos y personas de la realidad para construir personajes y situaciones en la ficción. El ambiente laboral no escapa a esa captura. Si en lugar de ser geólogo en la carrera de personal de apoyo del CONICET fuera operario de una fábrica, barrendero, marino, domador de caballos o astronauta, sucedería lo mismo.

 ¿Qué papel cumple la literatura en su tu vida ?

Escribir es como desnudarse en público. Da verguenza. Cuando uno empieza, sobre todo un tímido como yo, suele decir que lo hace por hobby. Lo hice. A esta altura de mi vida puedo afirmar que la literatura me permite vivir.

¿Cómo reacciona su mundo profesional al conocer su actividad literaria?

Diría que mis colegas y amigos se sorprenden al enterarse. No tienen prejuicios al respecto, por el contrario. Me emociono cada vez que tengo que decir esto: de parte de ellos, sobre todo en mi lugar de trabajo, siempre encontré un apoyo entusiasta. Leen mis libros, van a mis presentaciones, comentan, discuten conmigo el contenido de mi obra. En fin, tengo esa fortuna. El dramaturgo platense Ernesto Mallo dice que el éxito de un escritor está en no rendirse nunca. Me siento acompañado por mis pares en eso.

¿En qué proyectos se encuentra y qué aspiraciones tiene como escritor?

Mis proyectos son varios. Terminar mi próxima novela y publicarla antes de fin de año, continuar colaborando en la difusión de mi obra, concurrir a cuanta reunión de escritores pueda. Mi aspiración es escribir historias hasta el último aliento.

“Soy un actor que trabaja en ciencia”

Para presentar a Miguel Ángel Di Siervi  puede decirse que es profesional principal del CONICET en el ILPLA y doctor en Ciencias Naturales.

Pero también puede decirse que Miguel Ángel “El Gato” Di Siervi es actor cómico y director de teatro, que hizo temporada en Mar del Plata y ganó un Premio Martín Fierro del Interior gracias a un programa humorístico de televisión por cable.

¿Qué estuvo antes, el artista o el científico?

El artista, sin duda. A los 12 años escribí una obra y me subí al escenario para un acto escolar en Chivilcoy, mi ciudad natal. Hice teatro toda mi vida, televisión acá en La Plata. Íntimamente siempre digo que soy un actor que trabaja en ciencia. No soy un biólogo que hace teatro como hobby. Nací actor.

¿Cómo reacciona la gente al enterarse de ambas actividades?

A muchos les llama la atención que se dé ese contraste. Creen que la ciencia es algo solemne. Y no tiene por qué ser solemne, los científicos no deben serlo. Hay quienes lo son y no está mal. Pero esto es investigación, conocimiento. Mi otra actividad es un divertimento, las ganas de hacer algo.

Deben existir miles de anécdotas sobre esta cuestión.

Sin duda. Hay una chica colombiana que vino a formarse al Instituto, conoció esta faceta mía y cuando presentó su tesis, en el anexo que detalla todos los que colaboraron con el trabajo puso una foto mía disfrazado de señora. Los que la evaluaron no lo podían creer. Otra vez, estaba dando un curso en Florencio Varela y en el intervalo se me acerca una chica preguntándome: “Doctor, ¿puede ser que lo conozca de la televisión?”. Yo le contesté: “Ah no, es mi hermano, un payaso. Somos gemelos”. Mucha gente cree que son cosas incompatibles.

¿Cómo llegó al ILPLA?

Vine a La Plata a estudiar Ciencias Económicas pero dejé en segundo año. Me costó mucho adaptarme a la ciudad. Tenía 18 años, con mi familia, mis amigos y mi novia en Chivilcoy. Volví a mi pueblo, hice la colimba, empecé a trabajar. Una amiga mía era hermana de Aldo Mariazzi, quien por ese entonces trabajaba con bacterias y más tarde llegaría a ser director del ILPLA. Me sugirió volver a estudiar entomología. Entonces me inscribí en Zoología  y enseguida me dieron trabajo acá. El instituto recién había sido creado y su fundador, el doctor Raúl Ringuelet, aprobó mi ingreso. Estábamos en la vieja sede de Berisso y mi función era limpiar los acuarios. Después entré como técnico, gracias a él. Fue una suerte conocerlo.

¿En qué especialidad se desempeña?

En el ILPLA me dedico a la bacteriología. Básicamente lo que hacemos es trabajar con la Central Nuclear Embalse Río III de Córdoba, haciendo un monitoreo sobre el estado del agua allí. Realizamos un muestreo y un informe mensual o bimensual. Esto no es una pasión, es un trabajo. No me disgusta y tiene sus satisfacciones.

¿Y cómo surgió la chance de hacer televisión en la Plata?

En los ’90 estaba haciendo temporada en Mar del Plata con un grupo de Chivilcoy, que se llamaba La Banana Loca. Un día se me acercó gente de La Plata, un grupo en el que estaba Rubén Monrreal de quien después me hice muy amigo. Con él, comenzamos a hacer El Ascensor en el cable local y en 1996 ganamos un Martín Fierro del Interior como mejor programa cómico. Siempre resaltó lo del premio, no por vanidad sino porque está presente el complejo de que piensen que uno es un payaso y que no le den importancia a lo que hago científicamente.

¿Nota ese prejuicio?

En general a la gente le pasa eso. Pero no es sólo acá. Por ejemplo, el Premio Oscar no se lo dan a un actor cómico, ni hay películas de humor ternadas. Es un rubro secundario. Y acá también pasa eso. El mejor artista del año es el que hace papeles dramáticos. Lo toman como si fuese algo menor y no cualquiera puede hacer reir.

¿En qué proyectos se encuentra actualmente desde el plano teatral?

Ya tengo dos obras escritas, listas para estrenar. Me falta acelerar, hablar con la gente que pensé para el elenco y salir a hacerlas.

 

Por Marcelo Gisande.

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