CIENCIAS AGRARIAS, DE INGENIERÍA Y MATERIALES

Hongos y aceites esenciales contra gusanos que perjudican a cultivos locales

Expertos del CONICET lograron exitosos resultados en la generación de controladores biológicos que no afectan a los seres humanos ni al medio ambiente


Los científicos trabajando en un invernáculo. FOTO: Gentileza investigadores y CONICET Fotografía.
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Audio: Sebastián Garita.

Se llama bromuro de metilo (BM) y fue el gas más utilizado en el mundo desde la década del ’70 para controlar todo tipo de plagas en cultivos agrícolas. Demostrada su toxicidad para las personas y sus efectos perjudiciales hacia la capa de ozono, a partir del Protocolo de Montreal de 1987 se establecieron plazos para reemplazarlo paulatinamente por otros compuestos que no dañaran la atmósfera terrestre, hasta eliminarlo por completo. En los años que siguieron, surgieron diversos acuerdos que fueron clasificando los usos por sectores y países específicos. La fecha límite para erradicarlo era 2015.

“En esa reducción de la aplicación del producto se fueron intensificando ciertos problemas fitosanitarios, es decir relacionados a las plantas, que preocuparon mucho a los productores y que dieron lugar a la búsqueda de soluciones alternativas. La principal plaga son los nematodos, gusanos microscópicos muy difíciles de combatir”, relata Sebastián Garita, becario doctoral del CONICET en el Instituto de Fisiología Vegetal (INFIVE, CONICET-UNLP), abocado a distintos proyectos de investigación para atacar a la única especie que afecta el cinturón hortícola regional, denominada Nacobbus aberrans.

Aunque prefiere tomate, morrón y berenjena, el bichito ataca todo tipo de cultivos. Su modus operandi consiste en ingresar a la raíz y formar unas bolitas muy pequeñas que parecen nudos llamadas agallas, dentro de las cuales se instalan las hembras para poner huevos. “Si bien parasitan la planta y por ende le roban alimento, no es ése el peor daño que le ocasionan, sino la quebradura de los tejidos de conducción: rompen los tubos por los que recibe y transporta agua y nutrientes”, explica Mario Saparrat, investigador independiente del CONICET y coordinador del grupo de trabajo. “El problema de cualquier enfermedad se intensifica con el aumento de cultivos en invernáculos, porque hay temperaturas y condiciones óptimas todo el año. En el exterior las heladas, por ejemplo, interrumpen el ciclo de vida del gusano, pero a puertas cerradas eso no sucede”, añade Garita.

En materia de investigación, el grupo ha asumido el reto de obtener plaguicidas naturales que no afecten el medio ambiente a través de dos vías: con hongos, por un lado, y aceites esenciales por otro. En el primer caso, a su vez, los científicos están probando la acción de dos especies que combaten al gusano sin afectar en modo alguno a los cultivos. Uno de ellos se llama Funeliformis mosseae y es una micorriza, es decir que vive dentro de las raíces. “Lo que sucede es que las hifas o filamentos van creciendo y es como que prolongan los conductos de la planta, aumentando la superficie de absorción, precisamente la parte que el nematodo le quiebra”, señala Marcela Ruscitti, investigadora de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Como el hongo compite por el espacio con el gusano, es importante que llegue a la planta antes que éste para dificultarle el acceso: comparativamente, una planta micorrizada tiene un 50 por ciento menos de huevos en sus raíces que una que no lo está. Dentro del mismo proyecto, también realizan ensayos con Pleurotus ostreatus -las gírgolas comestibles-, una especie que no ingresa al cultivo sino que vive en el mismo suelo, creciendo en forma de hilitos blancos. En determinado momento aparece en la superficie el sombrerito, la parte visible del hongo, que justo en esa instancia despide una toxina que afecta al gusano inflamándole glándulas del aparato digestivo aunque sin llegar a matarlo.

El tercer y último experimento para mencionar en materia de hongos es el de Paecilomyces, un género que parasita  los huevos de gusano y se los come. Como el método de acción varía en cada caso, la búsqueda de los científicos no aspira a encontrar una única solución, sino a conocer las características de distintas variedades y generar combinaciones posibles y viables que puedan aplicarse en una planta para atacar al patógeno en todas las etapas de su ciclo de vida.

Aceites esenciales

En paralelo a los proyectos descriptos, el grupo ha obtenido también muy buenos resultados contra la misma plaga utilizando extractos vegetales ya ampliamente probados para repeler insectos como moscas y mosquitos, entre otros usos. A partir de destilaciones de extrema pureza realizadas en el laboratorio, Garita resalta las conclusiones alcanzadas con menta, laurel y eucaliptus. Al ser biodegradables y no dejar residuos, los aceites esenciales se convierten en un producto muy ventajoso para quien busca soluciones amigables con el medio ambiente. Las pruebas hasta el momento han consistido en agregar las esencias al agua de riego, y actualmente los estudios continúan ajustando cada vez más la dosis.

“Los mejores resultados los hemos obtenido con eucaliptus, porque la idea también es impulsar aquellas especies vegetales que hay en abundancia. Acá tenemos mucho material juntando hojas y ramas caídas en el bosque”, cuenta el becario. Además de que necesitan entre dos y tres bolsas de residuos llenas para obtener un frasquito de esencia, la principal complicación es más básica: como el agua y el aceite son incompatibles, no es posible mezclar ambas sustancias, entonces el método de riego es muy artesanal y consiste en agitar permanentemente en un bidón los líquidos e ir aplicando planta por planta. El desafío que están encarando hoy es la formulación de los aceites con alguna partícula que los haga solubles en agua, para que eventualmente el productor pueda incorporarlos en el tanque.

“Aunque estamos determinando exactamente cuál es el mecanismo de acción para saber qué compuesto químico exacto es el que afecta a los nematodos y poder ajustar más la técnica, lo que sí comprobamos es que disminuye el número de huevos y ese efecto se ve incluso con una proporción de apenas una gotita en 200 cm3 de agua”, relata Saparrat. El equipo continúa en este momento poniendo a punto cada uno de los ensayos, probándolos ya en cultivos de productores de la zona que, interesados en encontrar una solución para este patógeno, ceden a los investigadores una porción de sus tierras para realizar esta clase de experimentos.

Por Mercedes Benialgo

Sobre Investigación:

Sebastián A. Garita. Becario doctoral. INFIVE.

Mario C. N. Saparrat. Investigador independiente. INFIVE.

Marcela F. Ruscitti. Investigadora UNLP. INFIVE.